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La primera vez que nuestro Altza (o Alça para ser más exactos) aparece en la historia fue en el lejano año de 1141, inserta en un documento emitido por García el Restaurador, rey de Navarra, territorio al que pertenecían en estas fechas tanto Altza como Gipuzkoa.

Desde este instante, algunas de las fechas más significativas en la historia medieval altzatarra, son las siguientes:

1178, año en el que el término de Altza figura entre las posesiones que la iglesia de Pamplona tenía en la comarca donostiarra.

1390, fecha en la que se funda la iglesia de San Marcial.

1397, momento en el que Altza es nombrada en el Cuaderno de Ordenanzas de la Hermandad de Gipuzkoa, que las villas de la Provincia realizaron ese año en Getaria.

A partir de aquí, nuestra comunidad irá adquiriendo cada vez mayor presencia en la historia de Donostia y de Gipuzkoa, comenzándose a hablar desde ahora de sus incipientes actividades económicas (sidra, comercio, ganado…), religiosas (lo espiritual siempre ha sido frecuente foco de problemas), y en fin, de sus hombres y caseríos (Txipres, Berra, Miraballes; Garbera, Casares, Sius…), muchos de los cuales han pervivido hasta nuestros días, no sin tener que hacer frente a un cambio tan radical como evidente.¿Cómo podríamos imaginar Altza en tiempos tan remotos?.

Haciendo un verdadero esfuerzo imaginativo, nos encontraríamos con un grupo de casas alrededor de la iglesia de San Marcial, con sus huertas alrededor, y conforme nos alejamos de este lugar, irían apareciendo caseríos diseminados, todo en un marco rural en el que predominaban los manzanos, los bosques y ciertas áreas sembradas con cereales. Aunque no excesivos, todavía hoy se pueden localizar algunos restos pertenecientes a este período, que bien merecen una visita, como son los caseríos Txipres, que aún hoy conserva parte de su imponente talle medieval, destacando el arco de medio punto; el camino de Gazteluene, antigua ruta que enlazaba Donostia y el río Urumea con Molinao; o en fin, la propia disposición espacial de muchos de sus caseríos, que nos muestran una forma de entender el espacio y la geografía netamente medieval.

 
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